Patentes sobre genes

La información genética se transmite de generación en generación, a lo largo de miles y millones de años, en un proceso de interacción natural, sometido a mutaciones y adaptaciones genéticas al entorno. La perspectiva antropocéntrica del ser humano comenzó por reconocer que la información genética de la materia viva no humana, podía patentarse. Desde hace mucho tiempo se vienen patentando las variedades de plantas obtenidas por los mejoradores.

En 1980, el Tribunal Supremo de los EEUU, en el caso Diamond vs. Chakrabarty, dio un paso más y reconoció a un científico derechos exclusivos sobre una bacteria, modificada a través de ingeniería genética, capaz de degradar hidrocarburos. El argumento utilizado fue que el material biológico en su estado natural continúa siendo para la ley un «producto de la naturaleza» y, por lo tanto, no susceptible de ser patentado. Sin embargo, una vez que se aísla la sustancia biológica del organismo al cual pertenece, mediante el artificio humano, se transforma en materia patentable .

Por su parte, Sir Walter Bodmer, director del Imperial Cancer Research Fund de Reino Unido y presidente de la Human Genome Organization (HUGO), ha declarado “estar fuertemente a favor de patentar genes humanos”. Paradójicamente, una gran parte del Proyecto Genoma Humano ha sido financiado públicamente y desarrollado por una amplia comunidad científica.

Referencias